Contra el legado pinochetista

Miles de estudiantes y docentes protagonizaron una protesta en reclamo de una reforma a la educación pública. La ley de educación chilena rige desde la última dictadura militar. El jueves 30 de junio, se realizó en Santiago de Chile la mayor protesta estudiantil en décadas. Participaron con más de 100 mil manifestantes, entre los que se contaron

profesores, académicos, funcionarios públicos, trabajadores de diferentes sindicatos, empleados de la salud e incluso un grupo de alcaldes de la zona sur de Santiago, entre ellos los de Lo Espejo, San Miguel y Pedro Aguirre Cerda.

 

La manifestación culminó frente a La Plaza de los Héroes, donde el presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo, expresó: “Con vacaciones o sin vacaciones, vamos a seguir movilizados hasta que realmente haya una mesa de diálogo”, refiriéndose a la decisión del Ministro de Educación Joaquín Lavín de adelantar el receso invernal como modo de repeler el vacío en las aulas.

“Si él ha adelantado las vacaciones para los colegios, ojalá también se adelanten las vacaciones para el ministro Lavín, porque este conflicto se ha prolongado demasiado y hay que buscar formas concretas de solución, no seguir tratando de dividir, maniobrar, administrar una crisis. Hay que buscar soluciones concretas”, agregó el docente.

Simultáneamente al acto central en la Plaza de los Héroes, grupos coordinados de universitarios ocuparon en forma simbólica las oficinas de la compañía minera estatal Codelco en Santiago, las dependencias del Banco Central y una sede de la Organización de Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (Unesco).

La presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) y vocera del movimiento estudiantil, Camila Vallejo, sostuvo que esas acciones respondieron a que "son instituciones que representan de donde viene la crisis y que no han dado respuesta a lo que está pasando".

La ley de educación chilena actual rige desde el año 1981 y fue establecida por la dictadura militar de Augusto Pinochet. La protesta gira en torno al reclamo por la gratuidad de la enseñanza pública, dado que las instituciones estatales, al igual que las universidades privadas, cuentan con el pago de derechos de matrícula.

Las universidades públicas reciben un 12 por ciento de financiamiento estatal y el resto sale del pago de los aranceles por parte de los estudiantes, los cuales en muchos casos deben acceder a créditos. Este modelo responde a los parámetros establecidos por el modelo neoliberal impuesto por la dictadura cívico-militar en el país, y continuado luego por los sucesivos gobiernos democráticos.

Los estudiantes agrupados en la Confederación de Estudiantes Universitarios de Chile (Confech), junto con un alto número de profesores, demandan un aumento del presupuesto estatal para la educación superior pública, así como un cambio en el sistema de financiamiento.

A la manifestación se han adherido además los estudiantes secundarios que mantienen ocupados cerca de 300 colegios en todo el país desde hace tres semanas, en demanda de un retorno de los establecimientos educacionales a la jurisdicción del Ministerio de Educación.

En la actualidad, los colegios públicos en Chile dependen administrativamente de los municipios (gobiernos distritales), cuestión que redunda en una baja calidad de la educación que registran diversos indicadores.

Respuesta Oficial

Los estudiantes universitarios, quienes sostienen protestas desde mayo pasado, rechazaron los últimos días de junio la última oferta gubernamental consistente en un aporte de 75 millones de dólares a las casas de estudios estatales.

El presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), Giorgio Jackson lamentó que el Gobierno no haya entregado hasta ahora una respuesta a las demandas estudiantiles: “Hemos emplazado al Gobierno a que dé respuestas concretas hacia las problemáticas que hemos instalado y el Gobierno ha apostado a fragmentar el movimiento, dividirlo, desgastarlo”.

Por su parte, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, crítico las protestas. El mandatario indicó: "esas expresiones tienen, en mi opinión, dos límites: primero el límite de la ley no recurriendo a la violencia, el vandalismo, la destrucción o la agresión".

El segundo límite, según la biblia del empresario devenido en presidente, es que "también deben respetar los derechos de los demás, porque si un estudiante quiere protestar, está en su derecho, siempre que lo haga dentro de la ley y en forma pacífica, pero no tiene derecho a privar a otro estudiante que quiere estudiar, de poder también cumplir con su voluntad".

Los límites invocados por el Jefe de Estado eluden el tema principal -la reforma educacional- y también dejan de lado la responsabilidad de cualquier autoridad constituida de avanzar hacia el futuro contemplando los requerimientos de los ciudadanos.

 

 

Agrega tu comentario

Tu nombre:
Título:
Comentario: