El kat se globaliza

katUn vendedor en Hargeisa, Somalia, ofrece suficiente kat para una tarde. ¿El precio? Diez dólares. Foto de Pascal Maître.

Agarra una hoja amarga y máscala. Luego toma otra, y otra, dejando que la masa repose en la mejilla. Pronto te sentirás menos hambriento, más alerta, algo eufórico. Es el kat (se suele escribir khat), estimulante usado durante siglos en Yemen y el Cuerno de África por trabajadores para energizarse y por hombres para pasar tardes apacibles. Hoy, con el incremento del urbanismo, el mayor acceso al efectivo y normas sociales más relajadas, echa raíces profundas. “La gente lo masca temprano por la mañana en la calle –dice el psicólogo Michael Odenwald–. Lo mascan niños y mujeres en lactancia”.

El kat también se está expandiendo al ser volado a diario a expatriados africanos y yemeníes en Europa, Australia y América del Norte, mientras que penetra en Uganda y Ruanda. Con una demanda mayor y mejor transporte –que hace llegar el kat al mercado en 48 horas, cuando aún está fresco y potente–, los agricultores están cultivando más esta planta redituable y fácil de cosechar. En Yemen, la zona de cultivo ha crecido más de 10 veces desde 1970; en Etiopía, el kat se ha convertido en una de las más importantes fuentes de divisas extranjeras.

Sin embargo, la propagación de la planta suscita preocupaciones. En Yemen, los cultivos se irrigan desde mantos acuíferos reducidos. En Somalia, Odenwald ha visto el abuso vinculado a problemas de salud mental. Y en Occidente, los países se debaten entre dejar que la hoja siga legal, como el tabaco, o ilegal, como la marihuana. El kat hará que seas arrestado en Estados Unidos, Canadá
y gran parte de Europa. En el Reino Unido es perfectamente aceptado, por ahora.

 

Fuente: Karen E. Lange

 

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