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Bloqueo en la franja de Gaza

 

Más de 1,4 millones de hombres, mujeres, niños y niñas palestinos están atrapados en la Franja de Gaza. Su vida diaria –en un territorio de sólo 40 kilómetros de largo por 9,5 kilómetros de ancho– se caracteriza por la escasez de energía, la escasa o nula disponibilidad de agua corriente de mala calidad y el deterioro de la atención de la salud. El desempleo masivo, la pobreza extrema y la inseguridad alimentaria se agravan y acrecientan por el impacto del bloqueo israelí.

 

 

 

 

Desde que entró en vigor el bloqueo de Gaza, en junio de 2007, los cinco pasos fronterizos bajo control israelí entre Gaza e Israel o Cisjordania han permanecido cerrados (véase el mapa de la página 7). El otro paso fronterizo terrestre, el de Rafah, en la frontera entre Gaza y Egipto, está controlado por las autoridades egipcias y se mantiene cerrado la mayor parte del tiempo. Los cierres impiden todo movimiento de entrada y salida de palestinos en Gaza salvo

en un reducido número de casos humanitarios excepcionales. El bloqueo prohíbe las exportaciones y restringe la entrada de productos básicos, como alimentos y combustible. Gran parte de los alimentos disponibles proceden de agencias de ayuda humanitaria de la ONU y otros organismos, o se introducen de contrabando a través de túneles que cruzan bajo la frontera entre Egipto y Gaza y después se venden a precios desorbitados a los asediados residentes de Gaza. En muchos casos, el bloqueo también impide que la gente reciba atención médica urgente y necesaria y que desempeñe los quehaceres que les permiten ganarse el sustento.

Del 27 de diciembre de 2008 al 18 de enero de 2009, los habitantes de Gaza se vieron sometidos a una devastadora ofensiva militar israelí –la operación “Plomo Fundido”–, que Israel afirmó que llevaba a cabo para impedir que Hamás y otros grupos armados palestinos disparasen cohetes de efecto indiscriminado contra Israel. Al menos 1.383 palestinos perdieron la vida, entre ellos cientos de civiles, y los heridos se contaron por millares. Muchos miles de viviendas quedaron destruidas o sufrieron graves daños, al igual que los sistemas de suministro de electricidad y agua. Edificios civiles, incluidos hospitales y escuelas, también resultaron dañados o fueron destruidos. Un año después de la operación “Plomo Fundido”, Gaza continúa en gran medida aislada del mundo exterior. Al impedir Israel la entrada de la mayoría de los materiales de construcción, los habitantes de Gaza no pueden reconstruir sus vidas destrozadas. “La población de Gaza comparte con todas las demás personas el derecho a una vida digna, sin sufrimientos indiscriminados y prolongados. No debe ser sometida a esta continuación del castigo colectivo que el bloqueo lleva consigo”.

Maxwell Gaylard, coordinador de asuntos humanitarios de la ONU para los territorios palestinos ocupados Las autoridades israelíes afirman que el bloqueo es una respuesta a los ataques de grupos armados palestinos, en concreto los cohetes de efecto indiscriminado desde Gaza contra el sur de Israel. En noviembre de 2009, Hamás declaró un alto el fuego unilateral sobre el lanzamiento de cohetes, aunque miembros de grupos armados palestinos lo han roto después en varias ocasiones. Las fuerzas militares israelíes, mientras tanto, han llevado a cabo incursiones frecuentes en Gaza y han seguido bombardeando los túneles que discurren bajo la frontera de Rafah y que se utilizan para el contrabando de mercancías entre Gaza y Egipto.

Lo cierto es que, cualquiera que sea la justificación que aducen, al restringir la entrada en Gaza de alimentos, suministros médicos, material educativo y materiales de construcción, las autoridades israelíes imponen un castigo colectivo a toda la población de Gaza, compuesta en su mayoría por niños y niñas, en vez de dirigirse contra los responsables de los ataques con cohetes o de otra índole. La situación se agrava más si cabe debido al persistente cierre por el gobierno egipcio del paso fronterizo de Rafah y, más recientemente, por la construcción de un muro de acero a lo largo de la frontera en Rafah para combatir el contrabando transfronterizo que se ha convertido en la tabla de salvación de Gaza. Sin embargo, dada su condición de potencia ocupante, recae sobre Israel la responsabilidad fundamental de garantizar el bienestar de los habitantes de Gaza.

 

 

Amnistía Internacional

 

 

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