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La violencia de la sustitución de la agricultura campesina por la agricultura extensiva


Los incendios en la Amazonía de Brasil y en el bosque seco de la chiquitano en Bolivia continúan, las imágenes del bosque destruido, los animales calcinados, el horror del fuego y la destrucción no dejan de doler.

 

– Por Carla Espósito Guevara

25 septiembre, 2019

Este incendio es probablemente la prueba más flagrante de la violencia que supone la sustitución de la pequeña agricultura indígena campesina, por la agricultura industrial capitalista (de soya, de caña y ganadera), que es la que está extendiéndose sobre la frontera agrícola destruyendo los bosques y la Amazonía.


Mucha tinta ha corrido obre el tema y es difícil decir algo que no se haya dicho ya. Por eso creo que quizás sea bueno salir de los debates coyunturales y reflexionar sobre el origen de las ideas que están tras la violencia que supone el modelo de la agricultura expansiva y su raíz en el pensamiento occidental.


Esta matriz de pensamiento tiene origen en la revolución del conocimiento operada por Galileo y Copérnico en el siglo XV, quienes plantearon el conocimiento racional de las leyes naturales, si bien esto abrió un nuevo horizonte de pensamiento que derrotó el oscurantismo y el pensamiento religioso, también dio al hombre la capacidad de manejar las leyes naturales a su antojo. Bacon, en el siglo XVI en su libro Nuevo Órgano, plantea que la ciencia es un instrumento capaz de ayudar al hombre a dominar la naturaleza.


Así, según él, la inteligencia humana debe apropiarse de instrumentos eficaces para dominarla y para que el ser humano reine sobre ella y pueda utilizarla para sus fines. Estas ideas fueron completadas por René Descartes, quien en el siglo XVI inauguró el pensamiento mecanicista.


Él imaginó la naturaleza como una enorme maquinaria que se puede domar y controlar mediante el ejercicio del intelecto; así el planeta vivo se transformó en una máquina de relojería, que se deja desmontar y obedece al control absoluto del hombre.


Vandana Shiva, teórica del ecofeminismo y crítica mordaz del pensamiento científico moderno, sostiene que esas ideas de la revolución científica siguen vigentes y reemplazaron la imagen de un organismo vivo por el de una máquina gigantesca hecha de materia muerta e inerte que al hombre (varón) le corresponde dominar y moldear según sus propósitos.


Ella sostiene que las metáforas mecanicistas de ese pensamiento científico reorganizaron las ideas sobre la naturaleza sustituyendo las metáforas orgánicas, basadas en la interconexión y la reciprocidad, propias de las sociedades preindustriales, por las de un universo muerto, jerárquico y piramidal en el que el hombre, en sentido masculino, está situado arriba y tiene el poder sobre el resto de los seres vivientes, de ahí que la violación de la naturaleza no es una simple metáfora.


La agricultura extensiva industrial es la expresión de este pensamiento llevado a la agricultura, es un acto de poder sobre la naturaleza viva, es el triunfo de la naturaleza muerta sobre la naturaleza viva, es el triunfo del hombre sobre la naturaleza, de la mecánica sobre los procesos naturales. La agricultura de este tipo se organiza sobre la muerte, debe destruir y quemar todo: plantas, insectos, todo lo que había antes, para desarrollarse ahí, sobre sus cenizas.


Hoy nos confrontamos con enormes desafíos que derivan de múltiples crisis, pero la más acuciante es la ambiental. En medio de la incertidumbre que nos plantea una cosa parece certera: que las ideas que sostienen este tipo de crecimiento basado en la modernidad científica y en el dominio pleno del hombre sobre la naturaleza, ya no son aptas para guiar el futuro que nos queda.


El ecofeminismo parece plantear una senda bastante lucida que supone una crítica a los modelos de desarrollo sustentados en estas ideas y propone una feminización de las relaciones sociales así como el retorno a matrices no modernas de nuestro vínculo con la naturaleza.


En el momento de crisis en el que vivimos, quizás el único acto verdaderamente revolucionario es desmontar aquella matriz de pensamiento y desafiarnos a pensar de otra manera. El horror de toda la vida perecida bajo el fuego así lo reclama.


* Socióloga boliviana

 

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