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Informe: todo lo que hay que saber sobre el endeudamiento de Cambiemos


La administración de Mauricio Macri decidió hacer frente a los desequilibrios macroeconómicos con una sistemática toma de deuda. Mientras la reactivación económica no termina de concretarse, los compromisos externos se acumulan y el peso de los intereses es cada vez mayor.

A casi dos años de la llegada al poder de Cambiemos, la Argentina se enfrenta a severos desequilibrios macroeconómicos. A pesar de los tan anunciados “brotes verdes”, la actividad económica no termina de retomar el ciclo de crecimiento y la lluvia de dólares prometida por la administración de Mauricio Macri no ha pasado de ser un eslogan de campaña. Así, frente a un mundo que escatima capitales y ante un escenario interno complejo, el oficialismo se ha recostado sobre un instrumento en particular para atravesar esta primera etapa de gobierno: la toma de deuda.


Con un déficit fiscal proyectado en 2017 del 7% del PBI y un déficit comercial en el primer semestre de este año de USD 2613 millones, Cambiemos decidió hacer frente a estos desajustes con niveles inéditos de endeudamiento. Según datos del Observatorio de deuda externa de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), desde inicios de la gestión macrista hasta la actualidad el total emitido asciende a más de USD 100.000 millones. Y el ritmo de emisiones se aceleró en el último tiempo: este año el total de emisiones ya alcanza los USD 52.785 millones. Estas cifras comprenden las emisiones de deuda del Tesoro Nacional, de las provincias y del sector corporativo en moneda extranjera y local.


En lo que va de 2017, las emisiones del Tesoro Nacional en los mercados internacionales llegan a USD 21.922 millones. Cuando aún falta un cuatrimestre, la cifra se acerca al total de títulos públicos emitidos en 2016: USD 22.051 millones. Así, en total, la gestión Cambiemos lleva emitidos en bonos del Tesoro Nacional en moneda extranjera USD 43.973 millones, según datos de la UMET.


El Tesoro ha recurrido también a otros instrumentos financieros, como las letras. En conjunto, la administración macrista acumula un stock de Letes de más de USD 15.338 millones, que, sumadas a las emisiones totales del Tesoro en moneda extranjera, dan un total de USD 59.312 millones.


Las provincias miran a la Nación y replican el esquema financiero: cubrir el déficit fiscal con endeudamiento. Según Reuters, se estima que durante 2016 las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires terminaron solicitando bonos por alrededor de USD 7000 millones de dólares. Por su parte, desde inicios de 2017 se registran emisiones provinciales en moneda extranjera bajo legislación extranjera por VN USD 4408 millones.


Los privados también participan de la financiación de la economía. El fin del cepo cambiario mejoró las posibilidades de endeudamiento en los mercados internacionales de las grandes empresas. De este modo, desde el comienzo de la gestión Cambiemos, según la UMET, se registran 34 empresas endeudadas en dólares bajo legislación extranjera por un total de USD 9343 millones, a un plazo promedio de 6,2 años.

Dado este festival de letras, bonos y títulos, ¿a cuánto asciende la deuda pública argentina, es decir, el déficit interno más externo del Estado nacional? La consultora Ecolatina prevé  que, para fin de año, la deuda pública alcanzará USD 330.000 millones, un 57% del PBI. De ese total, la deuda en moneda extranjera relevante, con acreedores privados y organismos internacionales (aquellos actores con mayor capacidad de presión) sería de alrededor del 22% del PBI.


Cuando Cambiemos accedió al poder, la deuda pública era de alrededor de USD 254.000 millones. Durante 2016 creció USD 34.359 millones, de acuerdo al último dato publicado por el ministerio de Hacienda y Finanzas. Si se cumple la estimación de Ecolatina y la cifra alcanza los USD 330.000 millones, la gestión de Macri habrá aumentado la deuda pública en USD 76.000 millones en tan solo dos años.


Una forma interesante de apreciar la magnitud de la deuda es comparándola con el PBI, lo cual da un indicio respecto a la capacidad de pago de los países. De acuerdo con una investigación de la Universidad de Belgrano, la deuda pública como porcentaje del PBI era de 120% en 2005 (antes de la reestructuración), de 39% en 2011 y de 43,7% a fines de 2015, en la transición del kirchnerismo a Cambiemos. Si las proyecciones se confirman, la deuda pública ascendería en 2017 a 57%.

El peso de la deuda aumenta y lo más preocupante es que lo hace cada vez a mayor velocidad. Y uno de los inconvenientes que esto produce es que se corre el riesgo, presente en otros momentos de la historia argentina, de llegar a una instancia en la que se contrae deuda básicamente para pagar vencimientos inmediatos y postergar compromisos a futuro. Tomar deuda para pagar deuda.


En ese círculo vicioso, los fondos destinados al pago de intereses van en aumento. De acuerdo con la UMET, por el crecimiento de los compromisos en moneda extranjera, el pago de intereses de la Nación más las provincias supera los USD 8800 millones anuales en 2017. Desde que asumió Cambiemos, el pago de intereses por servicios de deuda se incrementó un 70% en comparación con lo que destinó el kirchnerismo en sus dos últimos años de Gobierno. Así, el peso de los intereses en el déficit fiscal ya alcanza el 2% del PBI en 2017.

 

Los procesos de mayor endeudamiento suelen estar correlacionados con mayores niveles de fuga de capitales. De acuerdo a los registros del Banco Central, la Formación de Activos Externos se ubicó, en los primeros seis meses de 2017, en USD 7678 millones, una cifra 28% superior a la del primer semestre de 2016 y 152% mayor a la del mismo período de 2015. Según plantea el Observatorio de deuda de la UMET, desde que asumió Cambiemos, la fuga de capitales asciende a casi USD 20.000 millones.


El Gobierno defiende la política financiera postulando que el endeudamiento es una solución transitoria a un problema fiscal. Las autoridades económicas argumentan que la emisión de deuda permite evitar un ajuste ortodoxo en la economía. El ala dura del oficialismo clama por una terapia de shock. “Ojo, que se puede ir todo a la mierda”, advirtió hace unos meses el expresidente del Banco Nación Carlos Melconian.

Entre tanto ruido de campaña electoral, el problema de la deuda no termina de hacerse un lugar en la agenda pública. En una estrategia insustentable en el mediano plazo, el Gobierno recurre a la toma de deuda para cubrir gastos corrientes. Si no se revierte esta tendencia, el resultado es conocido por todos los argentinos: la deuda se terminará pagando con el sufrimiento y el sacrificio social de todo el pueblo.

 

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