secciones

Programas

Acceder



Comentarios

Recomendados

 

Vecinos indignados apedrearon a un “mosquito” averiado en Entre Ríos


Son pobladores de la zona rural de Santa Anita, en el centro-este provincial. El atentado evidencia su malestar por el uso de agrotóxicos en la provincia vecina.

 

Santa Anita es uno de los pueblos fumigados de Entre Ríos y posee serios casos de escuelas rurales rociadas con agrotóxicos.

Un grupo de vecinos de la zona rural de la Colonia Santa Anita, en el centro-este de Entre Ríos, apedrearon a un “mosquito” fumigador averiado que estaba estacionado en un camino vecinal, provocándole la rotura del parabrisas. La pequeña localidad de 1.380 habitantes fue noticia hace poco más de un mes, cuando un avión aplicador fumigó por encima de una escuela, intoxicando a toda su comunidad. El dueño de la máquina atacada se quejó porque “esto ya parece una caza de brujas y nos meten a todos en la misma bolsa”.

A la hora de analizar lo sucedido el empresario Gustavo Hein, propietario del mosquito al que le arrojaron piedras y le rompieron el parabrisas, reconoció que “aplicamos veneno, no agua bendita”, aunque consideró que “no hay una discusión seria sobre la cuestión de las agroaplicaciones” y reclamó una política de capacitación para que se profesionalice la actividad. “Cualquiera tiene una máquina y sale a fumigar”.

En ese sentido, el empresario responsabilizó al Estado de la compleja situación porque “no existe un control que garantice las condiciones de las herramientas ni qué conocimientos tiene el que trabaja con ellas. En ese sentido evidenció que “la habilitación de las máquinas es un mero trámite con fines de recaudar. Pagás en el banco y te mandan una oblea y con eso ya está, podes hacer cualquier macana en el campo. Da risa, si ni siquiera vienen a inspeccionarlas”. Para  Hein “es imperioso que hagamos las cosas bien, con responsabilidad, con gente calificada y que se especialice”.

“Caza de brujas”. A los productores y aplicadores “nos meten a todos en la misma bolsa. Esto ya parece una caza de brujas, y hay una persecución que atenta contra la fuente de trabajo”, alertó Hein, quien fue dirigente en 2008 y 2009 de la Federación Agraria Argentina (FAA) en la delegación de la localidad entrerriana de Basavilbaso.

Víctimas. La ira de los vecinos de Santa Anita tiene su fundamento en que esta localidad es protagonista en la problemática de los pueblos fumigados y en el mapeo realizado por la campaña “Paren de Fumigar las Escuelas”, con episodios como el que se registró a principios de diciembre pasado, cuando los alumnos de la escuela Nº 44 República Argentina resultaron intoxicados por los efectos de una aeroaplicación realizada a cien metros del establecimiento.

La directora, Mariela Leiva, contó que a poco de que una avioneta comenzara a fumigar en un campo aledaño, sus alumnos sufrieron vómitos, náuseas, dolor de estómago y otros síntomas que ella también sintió. “Lo que más me aterró fue que mientras la ambulancia estaba en la puerta y el policía estaba subido a la caja de la camioneta haciendo señas desesperado, la avioneta seguía fumigando. Nunca paró. Nos fuimos y seguía”, relató a diario UNO. El hecho, que derivó en la suspensión de clases, fue denunciado a la Justicia por la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos.

Sin ley. La Legislatura entrerriana no ha logrado sancionar una ley de agrotóxicos acorde a estos tiempos. Durante el anterior período gubernamental Senadores “cajoneó” un proyecto aprobado en Diputados, por lo que se presentó una nueva iniciativa flexible el uso y aplicación de agrotóxicos. Las críticas de ambientalistas y ciudadanos lograron pararla.

El año pasado se analizó un nuevo documento que fija una distancia mínima de aspersión de 1.500 metros desde los centros poblados, pero quedará dormido hasta febrero, cuando los legisladores —varios de ellos productores agropecuarios—, retomen el tema, tal como prometieron.

 

Agrega tu comentario

Tu nombre:
Título:
Comentario: