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La histórica movilización de los trabajadores contra las políticas neoliberales en Bélgica

[La Secretaria General de la CSC (Confederacón Sindical Cristiana) se felicitaba que el 6 de noviembre, el diario de derecha La Libre Belgique escribiera: "Es la movilización más importante en muchos años". "Lo que me llama la atención es la presencia de gente que normalmente no acuden a las manifestaciones."

 

Por su parte, Marc Goblet, secretario general de la FGTB (Federación General del trabajo belga), recordó que esta manifestación constituía “una seria advertencia para el gobierno”. “Las medidas adoptadas afectan a todo el mundo. El poder adquisitivo se va a resentir, tanto para la gente trabajadora como para la gente perceptora de subsidios sociales y la gente autónoma.” Jan Verdamst, presidente de la CGSLB (Central general de los sindicatos libres de Bélgica) señaló, por su parte “que estaba encantado de responder a la invitación del Primer ministro, añadiendo que mantenían los contactos con los partidos liberales y la CD&V (liberales flamencos). Por otra parte, ha descartado cualquier interpretación comunitarista en cuando a la participación en la manifestación, precisando que “el 60% de loas y afiliados de la CGSLB eran flamencos.” (en Bélgica hay dos comunidades lingüísticas: los wallones y los flamencos).


Efectivamente, esta movilización ha tenido una dimensión tal que le sitúa al nivel de las luchas históricas en Bélgica. No es por casualidad que los medios belgas señalaran que iban a realizar un seguimiento en tiempo real de la misma. Las direcciones de los dos sindicatos que, entre ambos, organizan a más de 2 millones de personas (la CSC y la FGTB) convocaron esta movilización con el objetivo de alcanzar una “verdadera concertación” [con el Gobierno].


Tras la manifestación del día 6, el primer ministro Charles Michel hizo un llamamiento a la “concertacion” en su intervención parlamentaria. La movilización expresó la radicalidad de un sector de asalariados-as sometidos a unos ataques sin precedentes. Una radicalidad que va más allá de los aparatos sindicales.


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El diario belga Le Soir del 6 de noviembre, decía: “Este jueves los sindicatos han movilizado más de 100 000 personas en las calles de Bruselas. Es una de las manifestaciones más grandes tras la Segunda Guerra Mundial”. He aquí, las conclusiones en caliente de Bernard Demonty :


La manifestación ha sido un éxito. Al principio de la semana, la autoridades de Bruselas decían que podía haber 80 000 personas. Más tarde, los sindicatos -en función de la venta de billetes de tren y de las reservas de autobuses- dijeron que esperaban más. Finalmente, la policía estima que ha habido 100 000 manifestantes mientras que las organizaciones sindicales hablan de 120 000, estimando que mucha gente quedó bloqueada en las estaciones porque no había trenes suficientes. Así pues, esta manifestación es la más importante después del Pacto de Generaciones en 2005 cuyo objetivo era reformar las pre-pensiones. Por tanto, se trata de una de las más importantes tras la guerra.

Un sentimiento de injusticia muy extendido. Entre la gente manifestante, hay tres medidas que, en el mejor de los casos, provocan incomprensión y, en el peor, la rabia e incluso la violencia. La primera, es la prolongación de la vida laboral con la posibilidad de reducir la jornada a partir de los 55 años. La segunda, la modificación de la base del cálculo [que implicaría para asalariado la pérdida media de 500 € anuales= 700 dólares] y el sentimiento de que, contrariamente a lo que dice el gobierno, no se da ninguna compensación social. Y la tercera, la ausencia de impuestos para el capital o las fortunas, lo que para las y los manifestantes hace difícil digerir la propuesta gubernamental. El presidente de la CSC, Marc Leemans, resumió la situación así: “El gobierno ahorra en Bentleys, BMWs y Proches Cayenne para gastar en Skodas, Opels y Citröenes C4.”

La “verdadera concertación social” será difícil. El gobierno ha jugado a apaciguar los ánimos. Apenas comenzó la manifestación, el sanedrín del Consejo de Ministros invitó a los sindicatos a una entrevista. Cita que los sindicatos aceptaron a regañadientes: “Ha sido necesario realizar la manifestación más grande tras la Segunda Guerra Mundial para que el gobierno se digne en contactarnos” dijo Rudy De Leeuw, presidente de la FGTB. Por el momento no está claro que esta concertación llegue a buen puerto. Los sindicatos dicen que las reuniones no pueden limitarse a “discutir los detalles del texto”. Los sindicatos quieren un verdadera concertación. Y el primer ministro, Charles Michel (liberal-conservador) continúa defendiendo las reformas. En su intervención ante el Parlamento del día 6, señaló: “Estas medidas son necesarias para garantizar el porvenir. Es nuestra obligación adoptar estas decisiones”. Si bien no ha cerrado todas las puertas a la discusión: “Cada parte debe escuchar y respetar a la otra. Espero que los agentes sociales llegarán a un acuerdo con nosotros.” Bart De Wever (burgomaestre de Amberes y dirigente del partido de extrema derecha N-VA) no ha dejado ninguna puerta abierta: “Gracias a quienes se comprometen con el bienestar y la prosperidad asumiendo sus responsabilidades y confiando en las difíciles medidas que adoptamos.”

La movilización va a continuar. Los sindicatos no han dado a entender que vayan a levantar el pie del acelerador sobre la respuesta social. Se mantienen todas las iniciativas previstas para las próximas semanas: desde las huelgas alternativas hasta la huelga general del 15 de diciembre. “Y si el gobierno continua sin querer enterarse, retomaremos las movilizaciones a partir del 5 de enero”, anunció Marc Goblet, secretario general de la FGTB.

 

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