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El dolor convertido en acción en el homenaje a Renzo Casali

El joven fue atropellado por un conductor alcoholizado durante su viaje de egresados. Sus padres y su hermano hicieron del homenaje una acto de concientización. Hubo canciones y una muestra con las fotos sacadas por él.

Ileana, Raúl y Franco Casali se abrazan y no pueden soltarse. Se desgarran de dolor delante de unas quinientas personas, tal vez más, que aplauden y lloran. Están en lo alto de las escalinatas de acceso al Teatro Argentino y la mujer, mamá de Renzo, acaba de sobreponerse para poder hablar. “Soñábamos verlo acá, un lugar tan querido por él, dirigiendo. Pero hoy lo imagino dirigiendo un coro de ángeles”, dijo. Su hijo murió hace un mes cuando empezaba a vivir unos de los últimos días de su viaje de egresados en San Rafael, Mendoza. Lo atropello un conductor alcoholizado. La familia entera parece poder transformar tanto sufrimiento en acción. Con un discurso fuerte de concientización, se pusieron al frente de la marcha, que paró en Plaza Moreno para cantar, y llegó hasta el Bachilerato de Bellas Artes, donde los compañeros del chico organizaron un recital y una conmovedora muestra con las fotos que el propio Renzo registró con su vieja cámara de rollo durante su último viaje.


El arte atravesó el recuerdo. Como ocurrió en el velorio, los chicos convirtieron el homenaje a Renzo en una ceremonia musical. En el teatro el coro canto “Barro tal vez”, de Luis Alberto Spinetta, uno artista admirado por Renzo, quien a su vez era tecladista de una banda de rock. Fue allí donde Ileana, su mamá, agradeció el acompañamiento durante este mes de ausencia. Sus palabras refirieron al legado que su hijo le dejó la familia.

“Tenemos que regar la semilla que él plantó”, dijo, y detalló: “Nos deja un deber, sembrar conciencia, porque manejar alcoholizado es como cargar un arma, y nos estamos matando entre nosotros”.


El recuerdo de Renzo se convirtió así en una verdadera acción militante a favor de un tránsito humanizado. La familia completa y la mayoría de los chicos que participaron tenían remeras negras con el símbolo en rojo de la prohibición del alcohol para quienes manejan. “Es necesario endurecer las penas para quienes lo hacen”, clamo Ileana. Agregó en palabra el lema de una de las grandes banderas que encabezó la marcha: “Si no tomamos conciencia, todos podemos ser Renzo”.


Aquello fue retomado en el lugar por Sergio Levin, uno de los padres de la tragedia de la escuela Ecos. Recordó que ocho días después de la muerte de Renzo, Ileana ya lo estaba llamando para sumarse a las actividades. Anunció entonces un acuerdo con la ciudad de La Plata para promover la seguridad vial “para que se tomen las medidas que deben tomarse”.


Detrás de ellos estaba el Director de la Agencia Nacional de Seguridad Víal, Felipe Rodríguez Laguens, organismo que acompañó a la familia en la marcha, y promovió una acción similar en San Rafael: en el lugar exacto donde murió Renzo, alumnos pintaron una estrella amarilla para recordarlo.


A la Plaza. La columna de gente que se había congregado sobre la calle 53 entre 9 y 10 caminó por la vereda hacia Plaza Moreno. La mayoría eran alumnos y familiares de alumnos que se vistieron con las remeras negras. El llanto en silencio fue denominador común. También el aplauso, que retumbo en la torre de 12 y 51 cuando la columna llegó a Plaza Moreno.


“Acompáñennos a capela ahora”, pidió la madre de Renzo. Y la muchedumbre cantó “En el país de la libertad” y “Un beso y una flor”. Con la Catedral y la Municipalidad de fondo, las banderas desplegadas en el centro de la Plaza, y el sol cayendo detrás de la calle 14, el grupo se conmovió con decenas de carteles con el rostro más conocido del estudiante de música.


Instante eterno. En la caminata por diagonal 73 hacia 10, y de allí al Bachillerato, la reconstrucción del momento fatal en el que Renzo empezó a perder la vida, fue tema de conversaciones. El día espléndido que los chicos habían pasado en Las Leñas y una decisión azarosa que terminó siendo fatal: la de aceptar ir en el micro al boliche donde cerrarían la noche, en lugar de caminar las 8 cuadras de distancia. Después lo conocido, bajar del micro, el ruido seco “como un tiro”, y la tragedia que lo cambió todo.


Tampoco faltó el recuerdo de la luz que Renzo irradió durante todo el viaje, el carisma con el que había logrado conquistar al grupo de jubilados que se alojaba en el mismo hotel, o la banda de sonido con la que fue provisto a Mendoza para amenizar el viaje.


Aquel día soleado en el centro de esquí ocupa buena parte de la muestra de fotos armada con el registro que el propio Renzo hizo durante todo el viaje, con una vieja cámara de rollo. En una de ellas, evidentemente sacada por un compañero, Renzo expone su sonrisa abrazado a una chica, con la blanca nieve de fondo.


Hay registro también de la visita al Río Atuel, de la bodega Sutter, del Embalse Valle Grande, de Los Reyunos y San Rafael. Además, instantáneas de momentos fugaces en las que sus compañeros aparecen durmiendo en el micro, desenfocados, o viviendo la aventura en un bote sobre el río. “Renzo desarrollaba la banda visual para el sonido de su voz”, dice Leonel Fernández Pinola en el sentido comentario escrito sobre la muestra.


Allí se relata la peregrinación de ese rollo de fotos que hoy está expuesto. Desde que Tota (un compañero o compañera) lo encontró en su habitación sanrafaelina, y trasladó durante 16 horas dolorosas de viaje, hasta que Ileana, la mamá de Renzo, retira las copias de la casa de fotografía Ferraris, pasando por el momento en que Dora las lleva a revelar, y luego toma el sobre con las copias, lo guarda en su mochila sin mirarlas y llega hasta el Bachillerato donde empiezan a circular hasta convertirse en muestra.


Una frase del propio Renzo resuena desde un rincón, donde está escrita: “Por qué una imagen tienen que estar en foco para transmitir algo”, dice como declaración de principio. Afuera, en el patio, ya es de noche, y sus amigos eternos empezaron, una vez más, a recordarlo con la música que él amaba.

 

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