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A 40 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO CONTRA ALLENDE Y EL PUEBLO DE CHILE, SU LEGADO SIGUE PRESENTE

“La juventud de la patria fue vanguardia en esta gran batalla, que no fue la lucha de un hombre sino la lucha de un pueblo; ella es la victoria de Chile”, dijo Allende la noche de su victoria.

 

Hace 40 años, en Santiago de Chile, capital del país sudamericano, era bombardeado el Palacio presidencial de la Moneda: adentro, el presidente elegido democráticamente por el pueblo, Salvador Allende, moría resistiendo dentro del edificio que fuera su lugar de trabajo, traicionado con un golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet y apoyado por los Estados Unidos (EE.UU.).


“La juventud de la patria fue vanguardia en esta gran batalla, que no fue la lucha de un hombre sino la lucha de un pueblo; ella es la victoria de Chile, alcanzada limpiamente esta tarde”, dijo la noche del 4 de septiembre de 1970 Salvador Allende, cuando había sido declarado ganador con 1.076.616 votos.


Al asumir la presidencia, Allende, encabezando el gobierno de la Unidad Popular, puso en marcha medidas centrales de transformación: nacionalización de la minería, expropiación de más de dos millones de hectáreas en el marco de la Reforma Agraria, alquileres fijados por ley al 10% del ingreso familiar, supresión de todos los aranceles en la sanidad pública, y rechazo a los compromisos con el Fondo Monetario Internacional, para nombrar algunas de las principales acciones.


Según indica información desclasificada por la CIA, a partir de los primeros días que siguieron al triunfo de Salvador Allende, el presidente de los EE.UU., Richard Nixon, comenzó a idear la estrategia para el golpe de Estado que tendría lugar tres años más tarde. Su asesor de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, había declarado entonces: “No veo por qué tenemos necesidad de estar parados y ver un país ir al comunismo por la irresponsabilidad de su propio pueblo”.


Entonces, en paralelo a las medidas transformadoras que llevaba adelante la Unidad Popular, el plan golpista se puso en marcha: a partir de 1972 el gobierno norteamericano promovió un boicot internacional contra el cobre de Chile, principal fuente de riqueza chilena que había sido estatizada por Allende.


A esa medida se sumó el paro de camioneros financiado desde el exterior que paralizó al país, la generación de desabastecimiento con el fin de golpear al pueblo chileno, y la conformación de grupos de derecha violentos para operar en las calles.


Esas acciones, encabezadas por la derecha y la oligarquía chilena, financiadas y promovidas por los EE.UU., desembocaron finalmente en el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, liderado por el comandante de las Fuerzas Armadas, Augusto Pinochet, quien encabezaría una de las dictaduras más sanguinarias y duraderas de Sudamérica, quedándose 17 años directamente en el poder.


Así terminó la experiencia de la Unidad Popular y de la denominada “vía chilena al socialismo”, un camino que se propuso acceder al gobierno a través de las elecciones, como había descrito Salvador Allende: “el pueblo chileno está conquistando el poder político sin verse obligado a utilizar las armas (…) modelando la primera sociedad socialista edificada según un modelo democrático, pluralista y libertario”.


Hasta que en 1998 Hugo Chávez, quien se reivindicó como “hijo de Allende”, ganó las elecciones en Venezuela y en ellas reconoció las enseñanzas de la “vía chilena al socialismo”: “Si bien siempre ha habido corrientes populares partidarias de un movimiento armado (…) nos dimos cuenta que buena parte de nuestro pueblo no quería movimientos violentos sino que tenía la expectativa que organizáramos un movimiento político, estructurado, para optar por una vía pacífica. Decidimos entonces avanzar por vía electoral”.

 

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