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Continúa el juicio por fumigación toxica en Córdoba con la declaración de testigos

El juicio contra dos productores y un piloto acusados de contaminación por fumigar con sustancias nocivas cerca de zonas pobladas continuó este martes en Córdoba, con el testimonio de pobladores afectados en su salud y deudos de presuntas víctimas fatales de aquella conducta.

 


Los productores Francisco Parra y Jorge Gabrielli y el piloto Edgardo Pancello son juzgados desde este lunes en la Cámara Primera del Crimen de Córdoba como presuntos instigadores -los dos primeros- y autor de contaminación dolosa agravada.


La jornada de hoy se caracterizó por los testimonios de miembros de la agrupación Madres de Ituzaingó Anexo, el barrio donde se observó una alta tasa de cáncer y enfermedades respiratorias que pueden estar asociadas con la fumigación.


Hoy declaró Sofía Gatica, una de las fundadoras de la agrupación, quien se constituyó en querellante y propició la apertura de esta causa, la primera que llega a juicio en Córdoba.


Durante su testimonio, de casi dos horas, la mujer recordó los comienzos del caso, a fines de 2001, cuando un relevamiento permitió detectar enfermedades y malformaciones entre numerosos habitantes del barrio.


"Desde entonces, hasta el año 2010 encontramos 193 casos de cáncer entre los vecinos, además de otras malformaciones como púrpura o labio leporino”, dijo Gatica, quien hace un año y medio se mudó a otro barrio, para resguardar su salud y la de su familia.


Pese a que la defensa de los imputados trató de impugnar esos datos afirmando que la cuestión sanitaria no atañe a este juicio, la testigo continuó con su relato e hizo mención a un estudio realizado por el municipio local en noviembre de 2011, que será presentado ante el tribunal a pedido de los camaristas.


En ese estudio consta que "se encontraron 140 casos de cáncer”, dijo la mujer.


Mientras Gatica aludía a las fumigaciones detectadas en 2004, la defensa de los imputados le pidió que ubicara los campos en un mapa, pero la mujer tuvo algunas dificultades para localizar el terreno debido a un loteo reciente en la zona.


A raíz de estas imprecisiones, el tribunal ordenó realizar una inspección en la zona, aunque por el momento no le fijó fecha.


Gatica ratificó que el 11 de febrero, junto a un grupo de vecinos, vio una avioneta fumigando los campos de uno de los acusados y recordó que tras presentar la denuncia, la policía realizó un allanamiento en los galpones del productor (Parra), donde encontró bidones con restos de pesticidas.


La mujer, que recibió este año el Premio Ambiental Goldman otorgado en la ciudad estadounidense de San Francisco en reconocimiento a su lucha contra la contaminación, es una de "Las Madres de Ituzaingó", cuya desesperación la empujó a la búsqueda de una respuesta y el castigo de los culpables.


Las actuaciones encaradas a partir de esas denuncias permitieron detectar en ese barrio contaminantes tales como arsénico y plomo en el agua supuestamente potable, así como PCB en generadores de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (Epec) y los agroquímicos.


Ese cóctel mortal se completa con la existencia de endosulfán y glifosato, las sustancias cancerígenas que se utilizan para fumigar los cultivos y que provocan malformaciones, dificultades respiratorias y otras enfermedades.


Marcela Ferreyra, madre de un chico que nació con malformaciones, describió sus penurias por convivir con múltiples factores contaminantes, entre ellos la fumigación con agroquímicos.


Tras recordar que se realizaba de noche y quedaba una "nube blanca", la mujer precisó finalmente que "el olor se sentía en el aire a la mañana siguiente". La testigo abandonó el recinto llorando.


Pablo Vargas, otro vecino de Ituzaingó Anexo, cuya casa linda con campos que eran fumigados ilegalmente, declaró que es químico de profesión y que en febrero del 2001 tuvo oportunidad de fotografiar una fumigación.


Explicó en tal sentido que "cuando saqué la foto huyeron", agregando que "siempre huían, cerraban los aspersores del camión mosquito y se iban".


Vargas coincidió con Ferreyra al declarar que tras las fumigaciones, tanto áreas como terrestres, "en el aire quedaba un olor muy peculiar". "Parecía gamexane y cerraba el pecho, la respiración. A mí me daba acidez", describió.


En este juicio sólo se juzga si las fumigaciones se concretaron en violación de ordenanzas municipales o leyes provinciales y nacionales. Paralelamente, otra investigación tratará de establecer supuestos casos de enfermedades resultantes de la presunta contaminación.


Las alternativas de este primer juicio en Córdoba por este tema son seguidas desde los alrededores de Tribunales por militantes ambientalistas, de organizaciones tales como "Por una América Latina Libre de Transgénicos" y "Médicos de Pueblos Fumigados".

 

 

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