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G-20: Reuniones en la cumbre e indignación en la base

París - La Costa Azul de Francia fue escenario de dos eventos paralelos, pero de signo contrario: de un lado los países desarrollados en la Cumbre del G-20, y del otro, los pueblos reunidos en un foro alternativo para defender sus derechos.

Mientras en Cannes los líderes del Grupo de los 20 centraron sus debates en la crisis de la deuda, en Niza representantes de organizaciones sociales protestaban contra el desempleo, los recortes sociales y otras medidas aplicadas para solucionar el problema.

Ambos encuentros debieron efectuarse en ciudades distantes a 30 kilómetros una de la otra por la decisión de las autoridades, de aislar a los jefes de Estado y de gobierno del clamor de los representantes del movimiento antiglobalización.

La cita cimera del G-20, el cual agrupa a países industrializados y emergentes, desajustó su agenda desde el primer momento por la irrupción del tema de la deuda soberana griega, el posible contagio a otros países europeos y las sombras que se ciernen sobre el euro.

Esto causó que cuestiones de interés mundial como los montos de la ayuda al desarrollo en los países pobres, la práctica de un comercio más justo y equitativo, y la reestructuración del sistema financiero global, prácticamente quedaran al margen.

La presidenta argentina, Cristina Fernández, recordó a sus colegas que desde el inicio de la crisis se han dedicado miles de millones de dólares en hallar una solución aún lejana, en lugar de invertirlos en la economía real, donde habrían sido más productivos.

Si bien los dirigentes del G-20 mostraron algunas preocupaciones sociales y coincidieron en que "el empleo y la integración social deben situarse en el centro de toda acción a fin de restablecer la confianza y el crecimiento", apenas se limitaron a la creación de un grupo de trabajo para encargarle el tema.

Tampoco se avanzó en crear un impuesto a las transacciones financieras para dedicarlo al crecimiento de las economías pequeñas, como demandó en Niza el movimiento antiglobalización.

Eso sí, se incrementó el poder de intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) y su primera tarea en esta etapa fue tutelar el desempeño económico de Italia.

Observadores consideraron como humillante esta medida para una de las mayores economías del mundo y la cuarta del continente europeo.

Según lo acordado en la cita del 3 y 4 de noviembre en Cannes, una misión del FMI viajará cada tres meses a Roma para analizar las cuentas del Estado y verificar si se cumplen los planes de austeridad a fin de bajar la deuda.

Para obtener buenas notas en este examen, Roma debe lograr el equilibrio presupuestario y eso podría implicar el retraso hasta los 67 años en la edad de la jubilación y la venta de parte del patrimonio inmobiliario nacional, lo cual desatará nuevas protestas en ese país.

En el Viejo Continente, las medidas adoptadas en las cumbres para solucionar la crisis de la deuda a costa del sacrificio de los menos favorecidos, generaron un movimiento de indignación en la base, en los pueblos, extendido ya por varios países.

"Desde que estalló la crisis, la Unión Europea ha destinado millones de euros para sanear las cuentas de los bancos privados, mientras impone duros recortes a los trabajadores", denunció Aurélie Trouvé, del grupo antiglobalización francés ATTAC.

Esta organización fue una de las patrocinadoras del Foro de los Pueblos que, en ocasión de la Cumbre del G-20, reunió en Niza a miles de manifestantes de España, Bélgica, Reino Unido, Japón, México, Francia y otros países.

"La gente primero, no las finanzas" fue el lema enarbolado por los asistentes al evento, donde coincidieron sindicalistas, dirigentes políticos, ecologistas, defensores de derechos humanos y altermundistas.

Durante varios días de intensas actividades, talleres, mesas redondas, conferencias y discusiones, se desmontaron los distintos argumentos de los gobiernos para aplicar ajustes y se explicó cómo afectan la calidad de vida de millones de personas.

El objetivo fundamental del encuentro fue plantear la necesidad de otras vías para solucionar la crisis económica, más humanas, justas y solidarias que las propuestas por los países del G-20 en su cumbre en Cannes.


Por Carmen Esquivel Sarría
Jefa de la Corresponsalía de Prensa Latina en Francia.

 

 

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